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Funcionamos mejor cuando no tenemos un Plan B

Los participantes en una investigación a quienes se les pidió pensar en un plan alternativo tuvieron un peor desempeño que aquellos que simplemente hicieron la labor.


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Resulta que los mejores planes son aquellos que no incluyen un Plan B.
Una nueva investigación ha encontrado que cuando la gente hace un plan alternativo o de contingencia para el caso de que no se cumplan sus objetivos, su rendimiento respecto al objetivo primario puede verse perjudicado, destaca Rachel Emma Silverman en un artículo en The Wall Street Journal.

“Basta con pensar que existe un plan alternativo para que uno tenga menos deseos de lograr el objetivo primario [y que por lo tanto] ponga menos esfuerzo” en ese objetivo, dijo Jihae Shin, coautor del estudio y profesor de Administración y Recursos Humanos de la Escuela de Negocios de la Universidad de Wisconsin en Madison. “El resultado es que usted tiene menores posibilidades de éxito en su objetivo primario”.

En una serie de estudios, Shin y su colega Katherine Milkman, profesora asociada de Organización y Métodos de la Escuela Wharton de la Universidad de Pennsylvania, observaron una y otra vez los inconvenientes de hacer un plan alterno. En uno de los experimentos se pidió a los participantes que descifraran palabras entre un conjunto de letras mezcladas y se les dijo que si tenían un buen desempeño recibirían un snack gratis.

Pero a algunos participantes también se les recordó que podían fallar y por lo tanto no conseguir el snack gratuito, por lo que se les dijo que pensaran en otras formas de encontrar comida gratis en el campus. En otras palabras, se les pidió que desarrollaran un ‘plan B’.
Los participantes a quienes se les pidió que pensaran en un plan alternativo tuvieron un desempeño significativamente peor en la tarea de descifrar palabras que aquellos a quienes simplemente se les dijo que hicieran la tarea primaria, sin instrucciones adicionales.

El deseo de alcanzar una meta se basa a menudo en la forma en que uno piensa que se sentirá al final de su esfuerzo. Cuando la gente anticipa que se va a sentir muy mal si no completa una tarea, va a trabajar más duro para completarla, dijo Shin. Pero si han pensado en un plan B, podrían sentirse más cómodos no esforzándose lo suficiente.

Para la mayoría de la gente, es natural idear un plan de contingencia. Sin embargo, la investigación sugiere que las personas deberían ser más estratégicas y comprender la desventaja potencial de desarrollar dicho plan.

“Es mejor hacer primero todo lo posible para lograr su objetivo primario y realmente centrarse en ello durante cierto tiempo antes de desarrollar un plan de contingencia detallado”, dijo Shin.

Los investigadores sólo estudiaron el efecto en las personas, no en grupos o empresas. Aun así, dijo Shin, los resultados tienen consecuencias para quienes lideran equipos. En vez de pedir al mismo equipo que trabaje en una meta y que formule un plan alternativo, los gerentes pueden pedir a un equipo diferente que haga el Plan B.

El estudio fue publicado recientemente en la revista académica Organizational Behavior and Human Decision Processes.

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