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YouTube: entre la espada de los anunciantes y la pared de los youtubers

En 2005, cuando Jawed Karim publicó “Me at the zoo”, el primer archivo de la historia de YouTube, no pensaba que su nuevo invento se convertiría en la plataforma de vídeos más famosa del mundo. Un año después, Google se hizo con ella y desde entonces no ha dejado de crecer.

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Piénsalo. Todos hemos pasado algún que otro rato encadenando videoclips, buscando charlas TED o asombrándonos con los últimos anuncios de nuestras marcas favoritas. Pero no solo eso. YouTube se ha convertido en toda una religión para las nuevas generaciones. Las estadísticas dicen que el 72% de los jóvenes españoles reconoce ver más YouTube que televisión. De ahí que cada día aparezcan nuevas estrellas en la red de las que nunca has oído hablar y que, sin saber cómo, tienen millones de reproducciones en sus canales, destaca Toni Calderón, Social Media Manager en Kanlli.

Con semejante potencial, no es de extrañar que cada vez haya más marcas dispuestas a invertir parte de sus presupuestos digitales en YouTube. Y claro, tampoco debería parecernos raro que los anunciantes exijan, cada vez con más ahínco, algo de puntería en la ubicación de sus spots. A muchos directores de marketing no les gusta aparecer precediendo a contenidos de dudoso gusto, llenos de palabras malsonantes o humor escabroso.

Esto ha llevado a YouTube a hacer algunos cambios en sus políticas y a activar estrategias que, por un lado, intentan mejorar su relación con los anunciantes y, por otro, han enfadado bastante a los creadores de contenidos.

Todas las alarmas saltaron en septiembre de 2016 cuando YouTube actualizó sus políticas sobre contenidos adecuados para anunciantes. A partir de ahora no estarían permitidos vídeos con escenas de carácter sugerente, obscenidades, violencia o conflictos políticos entre otras muchas prohibiciones. De lo contrario, los contenidos dejarían de mostrar anuncios. Estas advertencias siempre habían estado ahí pero, mientras antes parecían solo unas recomendaciones, esta vez iban en serio.

Los youtubers sintieron que aquello era un tipo de censura. Algunos, como el popular Philip DeFranco, vieron como sus contenidos eran desmonetizados sin ninguna explicación ni posibilidad de apelación. De repente, el modelo de negocio que muchos habían desarrollado a la sombra de YouTube parecía estar a punto de desmoronarse.

Cuando las aguas se tranquilizaron un poco, la cosa se puso tensa de nuevo. En marzo de 2017, YouTube volvió a recrudecer sus políticas con el fin de asegurar que los anuncios de sus clientes solo aparecerían junto a contenidos libres de expresiones de odio. Dos días después, gigantes como Walmart, PepsiCo o Starbucks se unieron a un boicot contra YouTube por esta misma razón: no querían que sus spots acompañaran a vídeos extremistas y llenos de mal gusto.

Mientras tanto, los creadores de contenidos, el alma de la plataforma y el centro de todos esos millones de reproducciones, no tenían nada claro cómo debían producir sus vídeos a partir de ahora. Las directrices de YouTube eran poco concretas por lo que muchos ni siquiera sabían si lo estaban haciendo mal. Sin embargo, muchos volvieron a ver como decenas de vídeos eran desmonetizados y perdían cientos de dólares en ganancias long tail. El ovillo volvía a enredarse y parece que todavía no se ha desenredado.

El último movimiento de YouTube también está alineado con la mayor exigencia de sus anunciantes. A partir de ahora, si un youtuber quiere monetizar su canal, deberá tener más de 10.000 reproducciones. No son demasiadas, pero sí son una barrera de entrada en el negocio que antes no existía. De este modo, la plataforma de vídeos se asegura que solo recibirán ganancias aquellos creadores que se lo toman en serio.

¿Qué será lo próximo que veamos? ¿Estarán contentos los anunciantes con estos cambios? ¿Aguantarán muchos más los youtubers? ¿No sería contraproducente coartar la libertad de los creadores de contenidos? De momento no parece haber muchas respuestas. Está claro que debe haber algún tipo de regulación para evitar malas asociaciones, pero no podemos olvidar que las audiencias están en YouTube por los usuarios que libremente deciden subir sus vídeos. Seguiremos informando.

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